Florida.– El huracán Isaías perdió fuerza y se convirtió en un ciclón postropical el sábado, después de golpear el noroeste de Florida con fuertes vientos y lluvias intensas, dejando a unas 860,000 personas sin electricidad en Florida, Georgia y Alabama.
El sistema tocó tierra la noche del viernes cerca de Destin, una localidad turística de Florida, con vientos máximos sostenidos de 165 kilómetros por hora, correspondientes a la categoría 2 de la escala Saffir-Simpson.
En su último boletín, el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC) informó que Isaías se había debilitado rápidamente sobre Alabama y había perdido las características propias de un huracán.
Sin embargo, el organismo advirtió que el fenómeno todavía podía provocar precipitaciones intensas en el sur de Alabama, la costa noroccidental de Florida y Georgia.
Los pronósticos indicaban que el sistema avanzaría hacia el norte y, posteriormente, hacia el norte-noreste, antes de disiparse gradualmente al atravesar los valles de Tennessee y Ohio.
Fuertes vientos causan daños y cortes eléctricos
Los efectos del ciclón se hicieron sentir en distintas comunidades de la costa estadounidense del golfo de México. En Pensacola, situada a unos 80 kilómetros al oeste de Destin, los fuertes vientos arrancaron techos de viviendas y establecimientos comerciales, rompieron ramas de árboles y provocaron interrupciones del servicio eléctrico, según informó un periodista de la agencia AFP.
«Entiendo por qué la gente está espantada, es algo muy intenso», expresó Jonathan Ramos, un empleado gubernamental de 40 años que se encontraba en Pensacola para participar en un curso.
El hombre describió escenas de árboles y ramas cayendo, así como objetos desplazados a gran velocidad por las ráfagas.
Emergencia y evacuaciones en Florida y Alabama
Ante los riesgos de vientos destructivos, fuerte oleaje y lluvias torrenciales, varios estados de la región, entre ellos Florida y Alabama, declararon el estado de emergencia y ordenaron evacuaciones para reducir los peligros para la población.
Huracán obliga a suspender operaciones petroleras
Impacto en energía y producción petrolera
El paso de Isaías también afectó las actividades económicas y el suministro energético. Varios aeropuertos de Florida suspendieron temporalmente sus operaciones el viernes, mientras que las compañías petroleras Chevron y Shell evacuaron a trabajadores de varias plataformas marítimas.
De acuerdo con la Administración de Minerales Marinos de Estados Unidos, cerca de dos tercios de la producción petrolera de la región y más de la mitad de la producción de gas quedaron suspendidos el viernes.
La interrupción supuso retirar del mercado mundial alrededor de 1,5 millones de barriles diarios de petróleo, una situación que generó preocupación por sus posibles repercusiones en el suministro energético internacional.
La región afectada alberga numerosas refinerías e instalaciones petroleras estratégicas, por lo que las interrupciones podrían añadir presión a un sector que ya enfrenta tensiones relacionadas con los conflictos en Oriente Medio y Ucrania.
En medio de la emergencia, el presidente estadounidense, Donald Trump, canceló un viaje previsto para el sábado a Alabama, donde tenía programado asistir a un partido de fútbol americano.
El Niño influye en la actividad ciclónica
La evolución de Isaías se produjo durante la temporada oficial de huracanes del Atlántico, que se extiende del 1 de junio al 30 de noviembre.
La actividad registrada en esta cuenca contrastó con la del Pacífico, donde se habían formado varios huracanes durante el año, incluido Polo, que alcanzó la categoría 5, la máxima de la escala Saffir-Simpson.
Los meteorólogos atribuyen parte de esta diferencia al fenómeno climático El Niño, que suele favorecer una mayor actividad ciclónica en el Pacífico y dificultar el fortalecimiento de las tormentas en el Atlántico, debido a los cambios que provoca en los patrones de viento.
Aunque Isaías dejó de ser un huracán, las autoridades mantuvieron la atención sobre las lluvias que todavía podía generar en partes del sureste de Estados Unidos.
El impacto del sistema dejó al descubierto la vulnerabilidad de las comunidades costeras ante los fenómenos meteorológicos extremos y las consecuencias que estos pueden tener tanto para los servicios básicos como para la infraestructura energética.


